A Rita le gusta mucho dar besos. Algunas veces llega a ser un poco pesado tener que aguantar tantas muestras de cariño, pero ¿a quien no le gusta que le quieran? y si encima te hacen cosquillas...
Por suerte Rita no es ni ha sido el único perro que encontró familia por casualidad. Hay mucha gente, como nosotros, que ama a los perros. Cada uno contribuye con lo que puede: algunos tienen tiempo y espacio y pueden acoger uno o dos en sus casas, otros les compran comida y se la dan en la calle, les acarician, juegan con ellos... Hay gente que se ha organizado de manera totalmente anónima y altruista para establecer redes de adopción en el extranjero. Muchos de los perros bosnios acaban siendo adoptados por familias alemanas o austriacas, puesto que son los países con los que hay mayor relación directa.
Evidentemente Rita no es un perro de raza y el pedigrí mejor ni mencionarlo, es un perro de la calle al que todavía le queda algún trauma y algunas manias (y eso que la adoptamos con 3 meses de vida). A veces, cuando la miro o cuando ella me mira, me da la sensación de que lo entiende todo, de que se acuerda de todo lo que le pasó y del lugar de donde la sacamos. Me demuestra agradecimiento con cada cosa que hace, con cada lametón, con cada mirada. Vista por sus ojos me siento una la mejor persona del mundo, una heroina.

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